PRÓXIMAS ACTIVIDADES

MAYO 2011

Domingo 22 de mayo a las 19:30h. Club de Literatura Japonesa

          El árbol de los haikus/ Antología a cargo de Albert Liebermann

En la próxima reunión, que se celebrerá el domingo 22 de mayo, comentaremos EL ÁRBOL DE LOS HAIKUS. Una antología seleccionada por Albert Liebermann.

El haiku es un poema breve de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. Es una de las formas poéticas más extendidas en Japón; su temática habitual es la contemplación de la naturaleza, tan relevante en la cultura japonesa.

Contaremos también con un pequeño recital. Los compañeros del Club nos leerán haikus de EL POETA DE LA PASIÓN, de Akiko Yosano.  La figura de esta escritora emerge en la historia de la literatura japonesa con una fuerza inusitada, no sólo como poeta, sino también como mujer. En ambas dimsensiones dejó una huella tan profunda y duradera que aún nos sigue y nos seguirá asombrando.  Revolucionó la poesía con Midaregami, un libro juvenil abosolutamente innovador, fresco, intenso y atrevido que la marcó para siempre como “poeta de la pasión”. Lideró el movimiento de liberación de la mujer japonesa con un ardor sostenido. Tuvo once hijos, que sacó adelante frente a  una sociedad machista que la relegaba al papel de objeto de deseo o, como mucho, al de esposa y madre sumisa. Akiko pedía para la mujer los mismo derechos legales de que disfrutaban los hombres, la misma educación, independencia económica respecto de éstos y, sobre todo, la responsabilidad de asumir su propia vida y expresar libremente sus sentimientos. 

Domingo 15 de mayo a las 19:30h. Club de lectura

El doctor Zhivago/Borís Pasternak

Se trata de una de las novelas más conmovedoras de la literatura universal. El relato de un amor desesperado con una época muy turbulenta como telón de fondo; los terribles años que cambiaron el curso de la historia del pueblo ruso. La gran obra de Pasternak es un canto a la bondad como principio inspirador de la vida, incluso en la mayor adversidad.

Borís Pasternak recibió el Premio Nobel de Literatura en 1958, tras el gran reconocimiento que obtuvo El doctor Zhivago, sin embargo el gobierno soviético le obligó a rechazarlo. La novela estuvo prohibida en la Unión Soviética hasta 1987.

ABRIL 2011

Domingo 17 de abril a las 19:30h. Club de Literatura Japonesa

El rumor de la montaña/ Yasunari Kawabata

En la próxima reunión comentaremos esta  maravillosa obra de Kawabata que gira en torno a la soledad, la muerte y la búsqueda obsesiva de la belleza.

Yasunari Kawabata nació en Osaka en 1899 y quedó huérfano a los tres años. Insomne perpetuo y voraz lector tanto de los clásicos como de las vanguardias europeas, fue un solitario empedernido. Prolífico escritor, su obra suma más de doce mil páginas entre novelas, cuentos y artículos, y es uno de los escritores más populares tanto dentro como fuera de su país. Mantuvo una profunda amistad con el también célebre escritor Yukio Mishima, del que fue mentor y cuya obra difundió. Fue el primer japonés en recibir el Premio Nobel de Literatura, que le fue otorgado en 1968. Entre sus obras, muchas de ellas marcadas por la soledad y el erotismo, destacan La bailarina de Izu, La casa de las bellas durmientes, El maestro de Go, Lo bello y lo triste y Mil grullas. Kawabata se suicidó a los setenta y dos años.

Domingo 3 a las 19:30 h. Club de lectura

Matadero cinco / Kurt Vonnegut

MARZO 2011

Domingo 27 a las 19:30 h. Club de literatura japonesa

El cortador de cañas / Junichiro Tanizaki

La llave / Junichiro Tanizaki

Miércoles 2 a las 19:00 h. Taller de poesía de Cuba y el Caribe

Taller de poesía impartido por la poeta cubana Ángela de Mela, desde el día 2 de marzo hasta el día 20 de julio de 2011.

FEBRERO 2011

Domingo 27 a las 19:30 h. Club de lectura

Santuario / William Faulkner

Domingo 20 a las 19:30 h. Club de literatura japonesa

Kokoro / Natsume Söseki

ENERO 2011

Domingo 23 a las 19:30 h. Club de lectura

Las hermanas Grimes / Richard Yates

 

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Lev Tolstói. Sonata a Kreutzer

Una interpretación de parte de la Sonata a Kreutzer de Ludwig van Beethoven:

Sonata para Violin y Piano n.º 9 \”Kreutzer\”

La sonata
Cuando Ludwig van Beethoven compuso Sonata a Kreutzer, tuvo la intención de dedicársela a un buen amigo, sin embargo, éste se fue con una mujer que era del agrado de Beethoven. Este hecho hizo que le cambiara el nombre y se la dedicara a Rodolphe Kreutzer, uno de los violinistas románticos más importante. Según Pozdnyshev, protagonista de la novela de Tolstói, su mujer le fue infiel. ¿Quizás este paralelismo, entre la historia de Beethoven y los hechos relatados por Pozdnyshev, fuera el motivo de que Tolstói tomara el título de la sonata para su obra? ¿Tal vez el hecho de que la sonata compuesta por Beethoven sea muy difícil de tocar tiene algo que ver con el hecho de que, como plantea Pozdnyshev, una relación matrimonial es también muy difícil?

La novela.
En 1889, Lev Tolstói publica su novela breve Sonata a Kreutzer. En ella, Pozdnyshev, un terrateniente de la alta sociedad rusa, durante un viaje en tren, relata la historia de su vida a un compañero de vagón, desde su juventud, vivida de forma hedonista y placentera de la que no está nada orgulloso, pasando por los idílicos primeros momentos de su matrimonio y, más tarde, su progresivo deterioro, hasta acabar asesinando a su mujer.
Al poco de iniciarse la novela, Pozdnyshev revela, ante un grupo de viajeros que mantienen una conversación sobre el amor, que ha asesinado a su mujer. A partir de aquí, ya sin ningún misterio para el lector sobre cuál va a ser el desenlace, el interés del texto recae en la descripción del progresivo deterioro del matrimonio, que pasa del amor al odio, a la humillación y, en último lugar, a los celos.
“El verdadero amor… es el amor entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio. (…) El amor es una preferencia manifiesta de una persona hacia otra”, dice una dama, a lo que Pozdnyshev responde: “Una preferencia que dura… ¿cuánto tiempo? ¿Un mes? ¿Dos días? ¿Media hora?”. Según él, en las novelas dura toda la vida, cosa que no ocurre en la vida real. Acaba afirmando que no existe el amor para toda la vida, porque al final siempre llega el momento de la saciedad, pues se agota con la satisfacción de los deseos.
Esta idea del amor caduco recuerda a un poema de Vinicius de Moraes:

SONETO DA FIDELIDADE

De tudo, meu amor serei atento
Antes, e com tal zelo, e sempre, e tanto
Que mesmo em face do maior encanto
Dele se encante mais meu pensamento.

Quero vivê-lo em cada vão momento
E em seu louvor hei de espalhar meu canto
E rir meu riso e derramar meu pranto
Ao seu pesar ou seu contentamento.

E assim, quando mais tarde me procure
Quem sabe a morte, angústia de quem vive
Quem sabe a solidão, fim de quem ama

Eu possa me dizer do amor (que tive):
Que não seja imortal, posto que é chama
Mas que seja infinito enquanto dure.

SONETO DE FIDELIDAD

Entre todo, a mi amor estaré atento
antes, y con tal celo, y siempre, y tanto
que aún delante del mayor encanto
con él se encante más mi pensamiento.

Yo lo quiero vivir cada momento
y en su loor he de esparcir mi canto,
reír mi risa y derramar mi llanto,
a su pesar o a su contentamiento.

Y… cuando, después, venga y me busque
tal vez la muerte, angustia de quien vive,
tal vez la soledad, fin de quien ama

pueda decirme del amor (que tuve)
que no sea inmortal, puesto que es llama,
pero sea infinito, mientras dure.

Según Pozdnyshev, el amor no es algo ideal y elevado, como se piensa, sino que es ruin y vil. De hecho comienza siendo idílico para poco a poco ir transformándose en todo lo contrario. El amor dentro del matrimonio no existe, lo único que cabe es la relación carnal, el goce sexual.
En la parte final de la película Terciopelo azul de David Lynch hay una escena en la que el amor muestra su versión más descarnada. La novia de Jeffrey, el protagonista, ve cómo otra mujer le dice a su novio: “Abrázame, abrázame, abrázame. Mi amor secreto. (…) ¡Te quiero, ámame! (…) Dejó su semen dentro de mí. Dime que hice bien en entregarme a ti. (…)”. Tras hablar por teléfono con él y decirle: “Me mentiste. Te perdono Jeffrey. Te quiero, te quiero (…)”, y después de colgar, entre sollozos dice: “¿Dónde está mi sueño dorado?”. En esta escena, al margen de las circunstancias de la trama que la envuelven, el amor idílico de la novia del protagonista, el sueño dorado, se desvanece y deja paso al amor de carne y hueso, a la desdorada realidad.
Según Pozdnyshev, el hombre cae en la tentación natural de la belleza de la mujer y miente cuando habla de sentimientos elevados, pues sólo le importa su cuerpo, porque para él es tan sólo un objeto sensual. Es un depravado que, al no respetar los períodos de lactancia de la mujer queriendo tener sexo con ella, se aparta de la ley natural que siguen los animales.
Según él, la mujer sabe cuáles son las necesidades del hombre en relación con ella y por eso explota al máximo su sensualidad para conquistarlo a cambio de su bienestar. Además, ha sido educada para atraer al hombre. A pesar de todos los cambios sociales que ha habido, sigue siendo un objeto de deseo para el hombre. Este hecho sólo puede cambiar si el hombre cambia la concepción que tiene de la mujer y ella cambia la concepción que tiene de sí misma. Ambos sexos se comportan de la misma forma cuando se trata de entablar una relación: lo hacen por mero interés personal.
“Pero, ¡si el matrimonio en nuestro tiempo es sólo un engaño!”, dice Pozdnyshev. Hombre y mujer se presentan en sociedad ante el resto de personas aparentando estar en perfecta unión, pero la realidad es otra bien distinta. La hipocresía es uno de sus pilares básicos. De ahí que Pozdnyshev diga al hilo de la conversación mantenida con la dama que al principio de la novela defiende la existencia del amor verdadero dentro del matrimonio: “Hablan… y todos mienten…”.
En la película El apartamento de Billie Wilder hay una escena en la que el jefe de la protagonista, hombre casado con el que ella cree tener una relación relativamente seria, le dice: “Hazte una pregunta, ¿por qué un hombre sale con tantas mujeres?, porque no es feliz en su hogar, porque se siente solo. (…)”. El hombre no es feliz, sin embargo mantiene el matrimonio y para compensar el vacío que siente se busca una o más amantes. Basado en el amor eterno de los cónyuges, el matrimonio es una institución que se agota al poco de haberse formado.
A mitad de la novela entran en juego los celos. La mujer de Pozdnyshev deja de dedicarse a la cría de los hijos, por mandato médico, y este hecho hace que se sienta de nuevo atractiva para los hombres. La pareja entra en una fase de rutina, de aburrimiento que combate dedicándose a las relaciones sociales, la educación de los hijos, las visitas médicas, etc., o sea, manteniéndose ocupados para no ver lo desgraciados que son. Poco a poco el amor va transformándose en discusiones, distanciamiento, discrepancias, odio, etc. hasta que en la vida de la pareja aparece Trujachevski, violinista, y despierta en Pozdnyshev los celos que desencadenan el trágico desenlace. Este sentimiento tan poderoso que nace en muchas parejas es el detonante del fracaso en el que acaban, tanto si se rompen como si no lo hacen y simulan estar bien ante los demás, como hace Pozdnyshev dejando que su mujer haga un concierto con Trujachevski ante un grupo de amigos.
Después de una descripción pormenorizada de todo lo que va pasando por la cabeza de Pozdnyshev, mientras se va desarrollando la relación de su mujer con Trujachevski, que interpretan juntos la Sonata a Kreutzer de Beethoven, éste acaba diciendo que “Todo en lo que pensaba tenía alguna relación con él. Sufría terriblemente. El mayor sufrimiento estaba en la ignorancia, en las dudas, en la hipocresía, en el desconocimiento de lo que ella realmente necesitaba: amar u odiar.”
“- Tocaban la Sonata a Kreutzer de Beethoven. ¿Conoce usted el primer presto? ¿Lo conoce? – gritó él.
¡Oh!… es algo terrible esa sonata. Precisamente esa parte. Y en general la música también es algo terrible. ¿En qué consiste? No lo comprendo. ¿Qué es la música? ¿Qué es lo que hace? ¿Y cuál es su fin? Dicen que actúa de una forma que enaltece el alma. ¡Es una tontería, es mentira! Actúa, realmente actúa – hablo de mi propia experiencia -, pero no de una forma enaltecedora. Ella no lo hace ni de una forma enaltecedora, ni apaciguadora, sino de una forma que irrita el alma.”
Tras esta descripción de los efectos que provoca la música en el alma, según Pozdnyshev, se acaba este breve recorrido por algunas, pues son muchas las que se pierden en esta reseña, de las reflexiones expuestas por Pozdnyshev a lo largo del relato.
Estamos ante una novela publicada a finales del siglo XIX a la que el paso del tiempo parece no afectarle. Una novela que desmitifica las relaciones entre el hombre y la mujer al desprotegerlas de la máscara del amor, dejando al descubierto el desconocimiento entre los miembros de la pareja, la imposibilidad de comunicación, la incomprensión, el egoísmo y otros muchos factores que, poco a poco, a modo de carcoma, van minando las relaciones. Una novela que critica abiertamente a la sociedad rusa acomodada por su hipocresía e inmoralidad, algo aplicable a cualquier sociedad acomodada, o no, como se ve en la escena de El apartamento; que pone en jaque a la Iglesia al cuestionar el matrimonio y el pilar básico sobre el que está fundamentado, el amor entre los cónyuges; que también se adentra en el terreno autobiográfico. Una novela cuyo protagonista se muestra tan desengañado de la sociedad en la que vive que llega a plantear la completa extinción de la raza humana: “¿Y es que hay alguna necesidad de que continúe? (…) ¿Para qué quiere que siga existiendo este género humano? (…) Y ¿para qué tenemos que existir? (…) ¿Y vivir para qué? Si no existe ningún fin en la vida, si se nos ha dado la vida por dárnosla, no tiene sentido el vivir. Y si es así, entonces Schopenhauer, Hartmann y todos los budistas están en lo cierto. Y si la vida tiene un fin, entonces está claro que la vida tendría que terminar cuando lo alcanzara. (…) ¿Qué el género humano dejará de existir? ¿Quizá cualquiera que no mire al mundo puede dudar de ello? El final de la existencia es seguro, como la muerte.”
En esta novela hay un doble nivel narrativo, dos relatos, dos narradores, estructurados a modo de “muñeca rusa”, es decir, uno dentro de otro: un primer narrador, que es a su vez interlocutor del segundo, que relata el viaje en tren durante el cual el segundo narrador, Pozdnyshev, cuenta su vida. La acción es escasa, sobre todo en la primera parte hasta que aparecen los celos, pero, a pesar de ello, el relato consigue meter al lector en la piel del narrador obligándole a hacer un descenso por los rápidos de la mente acelerada de este. Esta simbiosis entre narrador y lector, Tolstói la consigue utilizando el recurso del narrador en primera persona. El punto de vista desde el que el narrador cuenta la historia es totalmente subjetivo. El lector pronto se sitúa en este mismo punto de vista, desconociendo así la versión de los hechos que tienen los otros personajes. Al final, la ignorancia, las dudas que padece Pozdnyshev son las que también le quedan al lector que acaba por no saber si realmente la mujer de Pozdnyshev y Trujachevski tienen algún encuentro amoroso. Narrador y lector sufren igualmente por no saber.

El autor.
Lev Nikoláyevich Tolstói, también conocido como León Tolstói, novelista ruso considerado como uno de los más grandes escritores de occidente y de la literatura mundial, nace en 1828 y muere en 1910. Sus obras más famosas y conocidas son Guerra y Paz y Anna Karénina.
Comenzó a estudiar derecho en la Universidad de Kazan, licenciándose en la de San Petersburgo. Se trasladó a Moscú, donde contrajo numerosas deudas a causa del juego. Se enroló en el ejército y se fue a la guerra contra Turquía. Estando en el ejército comenzó a escribir y en 1852 acabó su primera novela Infancia. Su obra está adscrita a la corriente realista, y en ella intentó reflejar fielmente la sociedad en la que vivía.
Tuvo una importante influencia en el desarrollo del movimiento anarquista. Fue precursor del denominado “naturismo libertario”. Escribió en su postrer libro Últimas palabras (1909) que hay que vivir según la ley de Cristo: amándonos los unos a los otros, siendo vegetarianos y trabajando la tierra con nuestras propias manos.
La contradicción que había entre su vida cotidiana y su ideología, le hizo decidirse a dejar los lujos e irse a vivir a su pueblo natal junto a los campesinos. Fundó en la aldea una escuela para los hijos de los campesinos y se hizo su profesor, autor y editor de los libros de texto que estudiaban. Impartía módulos de gimnasia y prefería el jardín para dar clases. Creó para ello una pedagogía libertaria cuyos principios instruían en el respeto a ellos mismos y a sus semejantes.
Rechazó toda su obra literaria anterior y criticó a las instituciones eclesiásticas en su obra Resurrección, lo que provocó su excomunión. Ni siquiera una carta que le envió su amigo Iván Turguéniev en su lecho de muerte para pedirle que regresara a la literatura, hizo que cambiara de opinión. Al final de su vida intentó renunciar a sus propiedades en favor de los pobres, aunque su familia lo impidió.

Bibliografía
Referencia bibliográfica a texto completo en internet:
Padró Pastor, Guillermo. Dos genios, dos épocas. Lectura comparativa de “La sonata a Kreutzer” de Tolstoi y “El túnel” de Sábato.
http://www.recercat.net/handle/2072/68652

Fede Romero.-

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El hospital de la transfiguración / Stanislaw Lem (por Néstor Mir)

La capacidad de los libros, por supuesto, es infinita personal e intransferible. Menos mal. Es por ello que para mí leer, al igual que escuchar música, es como emprender un viaje. Pero, no sólo emprender un viaje hacia el centro de la historia que nos cuentan, sino, también un viaje que nos lleva hacia el interior de nosotros mismos.

Por qué elegimos tal o cual libro frente a miles de posibilidades, muchas veces, es algo que corresponde a la mera casualidad. El Caso de la elección por mi parte del libro, El hospital de la transfiguración, no sólo tiene relación con la casualidad sino que además tiene relación con el sonido y el significado de las palabras. Hospital + transfiguración. Sobre todo la palabra transfiguración y sobre todo estas dos palabras unidas, me hacían presagiar un misterio al que me apetecía asomarme. Por qué, porque siempre he sentido un interés incontrolable hacia aquello que es difícil de explicar en la existencia humana. De alguna manera, el título, el hospital de la transfiguración evoca la delgada línea por la cual paseamos todos nosotros y que separa la locura de la cordura. ¿Por qué ese amor por la parte oscura del ser humano? Hubiese cogido el libro con tanto interés si se hubiese llamado el hospital de la ilusión, o de la esperanza. Sin duda, no. No quiero con esto decir que en mi vida cotidiana rehuya de la ilusión o de la esperanza, supongo que lo que quiero decir es que de alguna manera busco explicación y comprensión a los caminos tortuosos por los que se puede perder el ser humano. Quizás no haya una explicación lógica. O quizás de esta manera, logre no sentirme tan solo en un mundo que a mi parecer es un baile de “locos”.

Locos”, ahí radica el eje central de la historia el Hospital de la Transfiguración. La locura. Es muy típico en un adolescente pensar que está loco, sentirse atraído por la locura en todas sus vertientes, es lógico pensar que todo eso que al adolescente le está pasando por la cabeza es una completa locura, pero, llega un día que el adolescente que cree que está loco, se enfrenta con la locura real, es decir, con alguien que está clínica y mentalmente enfermo. Es en este momento cuando el adolescente comprende que quizás pueda tener ciertos problemas psicológicos, pero, que en el fondo, su problema, dista mucho del de estar loco. El adolescente, es en este momento en el que comprende que a pesar de que su intención puede ser la de ayudar a los descarriados, hay lugares que con sus herramientas nunca podrá transitar sin acabar malherido.

Bien, estamos viajando. El Hospital de la Transfiguración nos está haciendo viajar. Recuerdo cuando compré el libro. Fue en la última feria del libro. En la caseta de la librería Ramón Llull, como no. Poco después, me acerqué a la caseta de mi amigo Eugeni, la de la librería Odisseu, y le enseñé el libro. Al verlo reconoció enseguida la obra de Stanislaw Lem y me recomendó otro trabajo del autor: VACÍO PERFECTO (Bruguera, Libro Amigo), colección de prólogos de libros inexistentes. Al comentarme la existencia de este libro tan particular, automáticamente pensé en mi amigo Edu Gómez. Pocos meses antes me había comentado que tenía la idea de desarrollar un personaje que tras traducir libremente una novela, es dercir, rescribiendo la novela a su modo, sin tener en cuenta el original, se encontraba con que la novela “traducida” tenía un éxito brutal y mucho mayor que la novela original. Edu entonces me habló de la venta de toda una serie de prólogos de novelas inventadas e inexistentes… Borges. El espíritu de Borges ronda por aquí.

El viaje no se detiene, y en el club de lectura me recuerdan que tengo que hacer un presentación del libro que he elegido: El hospital de la Transfiguración. Cuando me lo recuerdan ya hace un mes que me lo he leído. Me pongo a pensar en él. Me vienen a la mente unas cuantas palabras. Por supuesto la del título, transfiguración, que va asociada directamente a la de Christo Transfigurato, que es la inscripción que encuentra en la puerta del hospital el protagonista, Stefan, cuando está a punto de entrar. Por último me viene a la cabeza la palabra Eugenesia. Antes de centrarme en la búsqueda por internet de alguna explicación para estas palabras, investigo la vida y obra de autor. En la wikipedia se puede encontrar un resumen de su vida. Parece bastante tranquila tras haber sobrevivido a la ocupación y persecución nazi.

Stanislaw Lem es un escritor científico. Algo de lo que no nos da la más mínima pista en El Hospital de la Transfiguración. Seguramente hemos de considerar El Hospital de la Transfiguración una rara avis en su obra. Un primer intento de juventud por aclarar sus tendencias artísticas. Me adentro en la vida del autor y me encuentro con que en realidad, más que un escritor científico, que también lo es, es un escritor de ciencia ficción. Leo un par de artículos sobre el autor y me encuentro con la palabra solipsismo. Indago su significado: es la creencia metafísica de que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente, y la realidad que aparentemente le rodea es incognoscible y puede no ser más que parte de los estados mentales del propio yo. Stanislaw es un solipsista. O juega a serlo, según las aclaraciones de las fuentes de información, con una intención irónica, escondiendo en cierta manera una voluntad de provocar al lector llevando al extremo sus visiones universales. Hablo de sus novelas de ciencia ficción porque, en su novela El Hospital de la Transfiguración, Stanislaw no ha llegado a plantearse qué va a hacer con su carrera de escritor, aún duda, no sabe si seguir con sus estudios de medicina. Seguir los pasos de su padre. Esto sí que se percibe en la novela. Nuestro protagonista es un médico. Un médico con ideas claras, pero, que en el fondo aún se lo cuestiona todo. Tanto el protagonista como el narrador a través de los demás personajes expone las dudas filosóficas que le plantea la existencia humana. A través del poeta. O del cirujano jefe. A través de lza relación de Stefan con su amigo.

Abandono la vertiente solipsista de nuestro autor. Vuelvo a las palabras y al Hospital de la transfiguración. Busco el significado de transfiguración: es una transformación de algo e implica un cambio de forma de modo tal que revela su verdadera naturaleza. Esta definición no me aclara la relación con el título de la obra. A no ser que se refiera al momento en el que un ser humano atraviesa la línea antes mencionada y muestra su verdadera naturaleza: la locura. Quizás pueda también ser una metáfora relacionada con la aparición del nazismo, su poder y lo que esto supuso de revelador para el ser humano. Quizás el pensar que el ser humano, mediante el nazismo había sufrido una transfiguración, mostrando su verdadera naturaleza, es decir, el mal.

Pero, la palabra transfiguración no sólo me ha llevado a su significado propiamente dicho. Como he comentado, nuestro personaje principal lee en la entrada del hospital Cristo Tranfigurato. Me pregunto, ¿por qué? Por qué este lema en la entrada del hospital. ¿Era este su verdadero nombre? Fue este un nombre que el autor tomó de la realidad o quiso tomarlo para darnos una pista sobre lo que nos quería narrar en sus historia. He investigado sobre el caso de la transfiguración de cristo. No estoy muy ducho en las metáforas religiosas y no sé si he comprendido bien, pero parece ser que Jesús se lleva a un monte a tres personas, no sé si son apostoles, para hacerles una desmostración. En el monte aparecen otros dos apostoles, éstos, creo ya están convencidos de la existencia de Dios y de que Jesús es el enviado de Dios. Esta aparición, sumada a una intervención de Dios, parece que acaba por convencer a los incrédulos. Es decir, Jesús muestra a los incrédulos su verdadera naturaleza: ser el hijo de Dios. Bueno, esta relectura del pasaje bíblico, al menos a mí, no me aporta ninguna pista sobre la trama del libro. Esto fue lo que pensé cuando leí en internet lo que significaba la transfiguación de Cristo. Así que seguí buscando y encontré la Iglesia de la Transfiguración en el Sinaí, en medio del desierto. Paradójicamente ese monasterio es un símbolo compartido para las tres religiones monoteístas que hoy en día como hace casi dos mil años, siguen en guerra: la judía, la cristiana y la islámica. Pero, en la Iglesia de la transfiguación no hay tampoco pistas. Sigo buscando por la palabra transfiguración. Encuentro un texto de Ciorán: Belleza y transfiguración. De libre acceso en internet. Por supuesto no me lo leo, pero, este encuentro me hace pensar en aquel libro que me leí de Cioran, historia y utopía. Tenía 21 años, estaba en una casa que no era mía al lado de una joven, que como yo, andaba totalmente perdida. Más tarde me di cuenta de que no, no podía ayudarla, por mucho que lo intentase no podía. Necesitaba ayuda médica. Recuerdo que en medio de la noche me despertaba y ella no estaba allí, entonces me ponía a leer el libro de Ciorán. Un libro del que no entendía absolutamente nada. Más tarde, mucho más tarde, un conocido, antes de que naciera mi primer hijo me aconsejó, no con poca mala leche, que me leyera: Del inconveniente de haber nacido… Viajamos. Abandonamos la locura en manos de los especialistas.

Sí, continúo viajando. No me queda más remedio. He de llegar al final. Bien, estamos con el significado de la palabra transfiguración dentro de esta historia. De las posibles metáforas que se esconden detrás de la palabra. De la posible narración autobiográfica que se esconde detrás de la historia de esta novela. El joven médico que está a punto de pasar a formar parte de la resistencia. El joven médico que intenta sostener lo insostenible. Que intenta proteger a los locos frente al nazismo. Que intenta erigir un muro infranqueable que frene la maquinaria de la eugenésis nazi. Un hospital de locos que va a pasar por el filtro de la consideración humana de lo que es o no humano. De lo que es humanamente prescindible. Una trituradora que pretende acabar con las subrazas. Un Dios humano que decide quién debe vivir y quién morir. Me estoy transfigurando. Me estoy convirtiendo en un nazi con las ideas claras. Primero acabaré con los locos, después con los invertidos, más tarde me encargaré de los judíos, gitanos, musulmanes, católicos y ateos. Aniquilaré a los de izquierdas por ser de izquierdas, y a los de derechas por no ser suficientemente de derechas. Finalmente acabaré en un bunquer y me volaré la tapa de los sesos, pero, aunque habré librado al mundo de mi existencia física, no lo habré librado de mi esencia. Esa esencia está en todos nosotros. Quizás sería interesante intentar no olvidarlo, aunque, estoy prácticamente convencido de que nada de todo esto tenga algo que ver con El Hospital de la Transfiguración de Stanislaw Lem.


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HOMBRE LENTO de John Maxwell Coetzee, por Ana Valero

Q-W-E-R-T-Y son las primeras seis letras de la fila superior del teclado de una máquina de escribir…clac, clac, clac, el sonido que éstas desprenden al ser golpeadas, y el sonido que martillea la mente de Paul Rayment mientras cruza la línea hacia su nueva vida. Con ellas comienza esta novela metaliteraria.

En el presente libro, J.M. Coetzee emplea con maestría un recurso poco novedoso en la literatura posmoderna, las relaciones entre realidad y ficción en la novela, el discurso narrativo que trata de sí mismo, que narra cómo se está narrando.

El argumento de la novela, su trama externa o convencional, narra con el estilo distante y preciso a la vez que poético que caracteriza la escritura de Coetzee, un episodio de la vida de Paul Rayment, un fotógrafo retirado de sesenta años, que vive confortablemente divorciado en Adelaida, Australia. El relato comienza con una magnífica descripción del accidente que sufre el protagonista cuando, al regresar de la compra en su bicicleta, es violentamente atropellado por un coche. Cuando despierta en el hospital, Paul descubre que su pierna derecha ha sido amputada, condición que le obliga, a partir de entonces, a depender de un tercero para llevar a cabo los actos más elementales y cotidianos. Es una de las diversas enfermeras que peregrinan sin éxito por su domicilio, Marijana Jokic, la que cambia de manera excepcional la apática y tediosa vida de Paul, despertando en él instintos hasta la fecha desconocidos, como el de disuadir la soledad de su existencia.

La presencia en la vida de Paul de esta enfermera de nacionalidad croata se convierte, desde mi punto de vista de manera casual y ciertamente aleatoria, en el elemento desencadenante de un proceso mental y emocional que el protagonista había contenido hasta que sufre el accidente que lo mutila. Un proceso innato a la condición social del ser humano, el que finaliza inevitablemente en el deseo de perpetuación.

Hasta aquí el hilo argumental externo o superficial de la novela, relato que se ve sino truncado sí al menos alterado por algo que sucede inesperadamente en el Capítulo trece, y que puede dejar algo desconcertado o incluso orillado del propio texto al lector, la aparición de la escritora Elisabeth Costello. No es cuestión de desentrañar con esta reseña la esencia de la novela, pero es quizá necesario advertir que a partir de este Capítulo el lector puede tomar conciencia de que se encuentra ante una obra metaliteraria en la que, la trama externa o convencional, la descripción de la ficción, es un mero pretexto empleado por el autor para escribir sobre el propio proceso creativo.

Hay quien afirma que escribir consiste en dejarse llevar por el camino que los personajes creados van conduciendo al propio autor, de tal forma que aquéllos se convierten en los auténticos dueños de la pluma, y someten al creador a la voluntad de sus criaturas. ¿Se incluye Coetzee entre quienes defienden tal idea? Creo que sí, Elisabeth Costello, el alter ego de Coetzee en Hombre Lento, ve cómo su personaje de ficción, Paul, se rebela una y otra vez contra los designios por ella prefijados, designios de excepcionalidad.

A partir del Capítulo trece el lector podrá encontrar numerosas pistas de lo que estoy diciendo, de que la lectura de esta novela lo convierte en espectador de excepción de la dialéctica entre el autor y su personaje, pero es quizá el momento en que Elizabeth Costello pronuncia ante un turbado Paul las primeras frases de la novela, que aquél lógicamente desconoce, donde se produce con mayor nitidez la colisión entre el plano convencional o de ficción y el plano metaliterario. Además, a lo largo del texto encontramos varias comparaciones entre Elizabeth Costello y dios, pero lo llamativo es que el dios teóricamente implacable carece de la fuerza suficiente para doblegar la voluntad su propia creación.

¿Es la aventura de escribir un acto de soledad o un acto contra la soledad? Cuando recogió el Premio Nobel de Literatura en el año 2003, J.M. Coetzee en lugar de pronunciar un discurso al uso, leyó un texto que llevaba por título Él y su hombre, en el que aludía al escritor Daniel Dafoe y a su “Robison Crusoe” para encabezar una reflexión acerca de la soledad de la existencia y la tarea de escribir, los dos temas que presiden el plano ficticio y el meta literario de Hombre Lento:

¿Vendrá alguna vez este hombre, en el curso de sus viajes, a Bristol? Ansía conocer al sujeto personalmente, estrechar su mano, dar un paseo con él por el costado del muelle y escucharlo cuando hable de su visita al lado norte de la isla, o de sus aventuras en la tarea de escribir. Pero teme que ese encuentro no se dará, no en esta vida. Si tuviera que decidirse por una similitud para ambos, su hombre y él, escribiría que son como dos barcos que navegan en direcciones contrarias, uno hacia el oeste, el otro hacia el este. O mejor, que son marineros trabajando esforzadamente en los avíos, uno en un barco que navega hacia el oeste, el otro en un barco que navega hacia el este. Sus barcos pasan muy cerca, lo suficiente como para saludarse. Pero el mar está turbulento, el tiempo tormentoso: sus ojos salpicados por el rocío, sus manos quemadas por el cordaje, pasan uno al lado del otro, demasiado atareados como para hacerse señas”.

Vale la pena adentrarse en el mundo de este escritor sudafricano para sentir, sin posibilidad de retorno, que la palabra es, quizá, lo único que puede salvarnos.

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“La naranja mecánica” de Anthony Burgess (por Efrén).

Bueno, como La naranja mecánica es la novela que salió elegida en el sorteo que hicimos para decidir con que libro empezábamos el club de lectura del Colectivo Ramón Llull y como resulta que la sugerencia fue mía, me toca escribir la primera reseña. Antes de nada señalar que este club de lectura está abierto a cualquiera que quiera participar y que el próximo libro seleccionado es Hombre lento de J. M. Coetzee.

Dicho esto vamos con la reseña. La naranja mecánica (A Clockwork Orange en su versión original) es uno de esos libros que todo el mundo conoce porque en los 70 se hizo una versión cinematográfica que ha tenido bastante difusión (en mi caso y en el de la mayoría de gente que conozco gracias a un pase en video). Por si esto fuera poco, esta versión la concibió y dirigió un genio del cine, Stanley Kubrick. Además la película provocó una verdadera conmoción en  el momento de su estreno por su estética, montaje, música y un tratamiento de la violencia totalmente innovadores que han hecho que perdure como una referencia clave dentro de la historia del cine.

El caso es que la película de Kubrick llegó a eclipsar a la novela en que se basaba e incluso al resto de la obra literaria del autor de la misma, Anthony Burgess. Hasta el punto de que Burgess llegó a repudiar su novela y a lamentar  que el lapso de tiempo que había pasado desde que la escribió en 1962 no hubiera “bastado para borrarla de la memoria literaria del mundo“. Me permito un consejo si decidís leeros La naranja mecánica: saltaros la introducción del autor que antecede al texto (al menos en la edición de bolsillo de Ediciones Minotauro) porque va a condicionar vuestra lectura. Yo en todo caso la dejaría para el final. Y una sugerencia: si podéis, haceros con la banda sonora original de la película (yo la conseguí en la biblioteca pública de la calle del Hospital) y utilizadla como música de fondo. En el libro la música tiene una importancia capital, sobre todo las composiciones de Ludwig van Beethoven y escucharlas mientras leéis merece la pena.

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La verdad es que John Anthony Burgess Wilson (éste era el verdadero nombre del autor) volcó mucho de su experiencia personal en este libro. Este escritor inglés nacido en Manchester en 1917 y que perdió a su madre y a su hermana a la edad de un año, fue criado por su tía materna hasta que su padre se volvió a casar unos años después. En su infancia nunca prestó demasiada atención a la música hasta que un día oyó en una radio que el mismo se había construido el Prélude à l’après midi d’un Faune de Claude Debussy. Esta escucha le causa una impresión tan profunda que decidió hacerse compositor y aprendió a tocar el piano de forma autodidacta (en el transcurso de su vida escribió dos sinfonías y varias sonatas y conciertos). Como no le admitieron para realizar estudios de música en la universidad, se matriculó en lengua y literatura inglesa y obtuvo una licenciatura en artes. En la universidad conoció a Lynne Isherwood Jones, con la que se casaría en 1942.

En 1940 es llamado a filas y permanecería en el ejército hasta 1946. Prestó sus servicios en el servicio médico y en el cuerpo de educación del ejército y fue destinado a Gibraltar. Precisamente en 1944, durante su estancia en ese destino, su mujer fue atacada y violada por un grupo de soldados estadounidenses que habían desertado y sufrió un aborto a consecuencia de la paliza que le pegaron. Burgess reproduciría en cierta manera esta horrible experiencia personal en uno de los pasajes más importantes de La naranja mecánica en el que Álex y sus drugos se cuelan en la casa de un escritor que precisamente está escribiendo un libro con el mismo título, violan a su mujer ante sus ojos y les dan una paliza a ambos.

En el ejército también repararon en su facilidad para los idiomas y estas habilidades lingüisticas fueron requeridas por los servicios de inteligencia. Burgess era un políglota consumado y además del inglés hablaba también malayo, ruso, francés, alemán, español, italiano, japonés y un poco de hebreo, chino, sueco y persa. Esa facilidad con los idiomas le sirvió para conseguir otro de los hallazgos de esta novela que no es otro que el nadsat, la jerga que utilizan Álex y sus amigos y cuyas palabras son adaptaciones de vocablos eslavos, en especial del ruso (como curiosidad, Burgess también se inventó el ulam, el lenguaje prehistórico que utilizan los personajes de la película En busca del fuego de Jean-Jacques Annaud).

Tras regresar a la vida civil ejerció como profesor en Inglaterra y a partir de 1954, entró a formar parte del servicio colonial británico y se dedicó a dar clases en Malasia y posteriormente en Brunei. En 1959 sufrió un colapso mientras impartía una clase. Le diagnosticaron un tumor cerebral y le concedieron un año de vida (aunque acabaría muriendo en 1993) por lo que decidió dedicarse plenamente a la literatura con el objetivo de ganar dinero suficiente para asegurarle la vida a su futura viuda. Ahí empezó una prolífica carrera como escritor, aunque ya había escrito tres obras con anterioridad (lo que se conoce como la Trilogía Malaya), que abarca más de cincuenta títulos.

Volviendo a La naranja mecánica y teniendo en cuenta que fue escrita en 1962, se trata de una novela moderna y en cierta manera premonitoria. El hecho de que el personaje principal, Álex, se comporte durante gran parte del libro como un personaje amoral, totalmente opuesto a un héroe no deja de ser sorprendente teniendo en cuenta que se escribió hace casi cincuenta años. Y aunque se equivoca en algunos aspectos, esa sociedad futura mezcla del sistema liberal occidental y del sistema socialista del bloque soviético adelanta comportamientos y situaciones que vivimos actualmente.

Además el autor, a través de sus personajes, transmite ideas llenas de fuerza o que se adelantaban a su tiempo. Por ejemplo, la queja del vagabundo que antes de recibir una paliza a manos de Álex y sus secuaces grita: “¿Qué clase de mundo es éste? Hombres en la Luna y hombres que giran alrededor de la tierra como mariposas alrededor de una lámpara, y ya no importa la ley y el orden en la tierra.” O cuando Álex se pasea impunemente por la noche con su drugos entre los bloques de viviendas y nos explica que “Esa noche pasaban lo que solían llamar un programa mundial, porqué todos los habitantes del mundo podían ver si lo deseaban el mismo programa (…) todo esto, hermanos míos, lo soltaban al espacio exterior usando satélites especiales para la tele.” ¿Cómo no pensar, al leer esa frase, en los mundiales de fútbol que están a la vuelta de la esquina? Y cuándo nuestro personaje se refiere a los periódicos: “Traía lo habitual acerca de la ultraviolencia, las huelgas y los asaltos a bancos, y los futbolistas que paralizaban de miedo a todo el mundo amenazando con no jugar el domingo próximo si no obtenían aumento de sueldo(…)“. El tratamiento que el autor da a la idea del bien, el mal y el libre albedrío, la estructura en forma de fábula de la novela y el tan comentado capítulo final son temas en los que no voy a entrar porque creo que no se trata de destripar el libro, si no de que lo leáis si os apetece.

A mi personalmente me ha gustado y me han entrado ganas de leer más cosas de Anthony Burgess. Quizás después de leer La naranja mecánica estaría bien visionar la película de Kubrick, un asunto que tenemos pendiente los miembros de este club. Como despedida ahí van las imágenes iniciales de la película con la música de Walter Carlos (en su versión con sintetizadores de Music for the Funeral of Queen Mary de Henry Purcell que forma parte de la banda sonora).

 

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Polimnia 222. Recital de Poesía

El próximo viernes día 4 de junio a las 19:30 tendrá lugar un recital de poesía en la Llibreria Ramon Llull. Esta librería, que se encuentra en la C/Ramon Llull, 41, junto al campus de Tarongers, inicia con este recital una labor de dinamización cultural ofreciendo su espacio para realizar actividades relacionadas con el mundo del libro, la música y el arte en general.

El recital será a cargo de Polimnia 222, el taller de poesía de la Universidad Politécnica de Valencia, un taller que después de ocho años de funcionamiento ha dado como fruto un buen número de obras escritas por sus alumnos que han sido premiadas en diferentes certámenes de poesía.

Bibliografía de obras publicadas por miembros del taller de poesía “POLIMNIA 222”

  • Brull Pons, Ivan. Cantaments. “XIII Premio de Poesía Jaume Bru i Vidal de Sagunt, 2010”
  • Collado Cabrera, Bibiana. Performance. Universitat de València, Facultat de Filologia, 2009. Colección Aula de poesia, 26. “Premis Bancaixa-Universitat de València d’escriptura de creació, 2008-2009.”
  • Correcher, Rafael.  El azul de los lápices. Denes, 2009. Colección Calabria, 80. Poesía. “VI Premio de poesía “César Simón”
  • Docavo, Ignacio. El ladrón de horizontes. Editorial UPV, 2005
  • Escribano Alemán, Elena. Reincidencias. Diputación Provincial de Soria, 2007. Colección “Leonor” y “Gerardo Diego” de poesía. “XXII Premio de poesía “Gerardo Diego””
  • Frutos, Gloria de. Asfalto en la mirada. Páginacero, 2000. Colección Montgó, 4
  • Frutos, Gloria de. Mosaico. Páginacero, 2004. Colección Matisse, 9
  • García Caballero, José Ángel. Llaves olvidadas. Renacimiento, 2010. Colección “Surcos” de poesía. “XIII Premio “Surcos” de poesía 2009”
  • Guirao de Gregorio, Fernando. El pez en el bosque. Hiperión, 2003. Colección Poesía Hiperión, 465. “VI Premio de poesía joven “Antonio Carvajal”
  • Lence, María Ángeles. La palabra en el espacio. Editorial UPV, 2002
  • Morán, José. Los silencios guardados. Denes, 2008. Colección Calabria, 70. Poesía. “V Premio de poesía “César Simón”
  • Navarro García, Andrés. La fiebre. Pre-Textos, 2005. “VI Premio de poesía “Emilio Prados”
  • Navarro García, Andrés. Un huésped panorámico. DVD, 2010. Colección poesía, 135. “XXVI Premio de poesía Ciudad de Burgos”
  • Ortega, Andrés J. La oculta herida. “II Premio del Certamen de Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha, 2010”
  • Pastor, María José. Autonomía del deseo. “Premio Benetússer 2003”
  • Pastor, María José. Esporas de cordura. Editorial de Estudios Modernistas, 2004
  • Polimnia 222: selección de poemas a cargo de Elena Escribano. Universidad Politécnica de Valencia, 2005
  • Santaemilia, Carles. Modos de concebir la tarde. Denes, 2006. “V Premio Paiporta de poesía”
  • Villanueva, Mila. Na distancia. El taller del poeta, 2009
  • VV. AA. Antología El Sueño del Búho, 2007
  • VV. AA. Segundo peldaño: antología. Amigos de la poesía de la Comunidad Valenciana, 2006
  • VV. AA. Tertulia de haiku. El taller del poeta, 2007
  • VV. AA. Ventanas. Antología de poetas valencianas. Torremozas, 2007
  • VV. AA. La voz de los versos. Atenas, 2006
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La naranja mecánica

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